Un paso adelante, un paso detrás. Manos adelante, manos detrás. Gritos vayuncos de ¡uh uh! Un casco azul con una D de Detroit es incapaz de cubrir un acebache cabello que se escapa, rebelde. Sonrisas, sonrisas y más. La cámara de video grabando, inmortalizando un momento fugaz.
El vídeo se borra y de repente la imagen se vuelve mortal, ya no hay pasos... ni manos... ni gritos... ni casco y mucho menos sonrisas. Todo se desvanece, sólo queda el vacío, la ausencia, la nada y la consternación... y apenas fueron 23 escalones y un luchador imprescindible, y un viejo y una memoria que sólo una pequeña comunidad recuerda y una promesa y un abrazo que se consumirá porque el olvido no existe.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario